domingo, 26 de abril de 2015

Reflexiones sobre Géneros y Sexualidades. I

APUNTES PARA UNA DEMARCACIÓN CONCEPTUAL
Autor: Marcelo De Leonardis. U.B.A.

Resumen
Mi intención es proponer un acuerdo conceptual y nominal partiendo de  estas hipótesis:
El sexo y la maduración sexológica como algo propio del Organismo que puede diferenciarse entre machos y hembras para reproducirse y los procesos biofisicoquímicos involucrados.
La sexualidad en un sentido ampliado compromete a la ligazón psicosocial con los objetos del mundo como ejercicio del Cuerpo Erógeno. En el sentido restringido de prácticas genitales, es el ejercicio del cuerpo sexuado en las prácticas sexuales destinadas a la obtención de placer y la finalidad hedonista de la conducta sexual.
El género se relaciona con el dispositivo del nacimiento donde la visibilidad de la genitalidad se corresponde a una categoría genérica predeterminada socio-culturalmente en la que son encasillados los sujetos. Se trata de categorías sociales construidas históricamente que integran las significaciones imaginarios sociales (SIS) que prescribe y proscribe modos y posiciones, roles, status, valores, prácticas sociales y ejercicios del poder, entre algunas otras cosas más.

Introducción
No es sorprendente que en el nivel académico de las Ciencias Sociales y en la literatura de la Teoría Psicológica, Social y Política se utilice de manera ambigua y confusa, a veces como homónimos, otras como sinónimos, los conceptos de sexo,  géneros y sexualidades.
Se trata evidentemente de dos procesos antropológicos estrechamente ligados porque está comprometida la genitalidad; en tanto órgano involucrado en las prácticas sexuales y como signo visible de distintividad imaginaria de consecuencias sociales: en el caso de la sexualidad configurara los destinos del placer, las prácticas e identidades asumidas y asignadas, ( y cada vez menos la reproducción biológica); el género propicia e instaura una de las marcas antropológicas primarias –entre otras pocas- del pasaje de cachorro a sujeto que inaugura la diferencia categorial intraespecie en términos de hombres y mujeres[1] que configurará y asignará los roles y posiciones[2] socioculturales de los agentes.  
Lo que vamos a adelantar como tesis de trabajo es que tanto las sexualidades como los géneros son procesos categoriales de construcción y asunción de identidades y prácticas –per- formadas durante la socialización en la construcción de los cuerpos[3].
Sólo la sexualidad mantiene un vínculo estrecho y permanente con lo orgánico (sexo) ya que no puede prescindir de los procesos y funcionamientos biofisicoquímicos comprometidos para su práctica. Pero esto no implica bajo ningún argumento que el nivel orgánico sea sobredeterminante de la sexualidad humana. En cambio el género sólo se relaciona con el organismo de manera imaginaria y casi única en el dispositivo del nacimiento donde la visibilidad de la genitalidad se corresponde a una categoría genérica predeterminada socioculturalmente en la que son encasillados los sujetos[4]. Al menos hasta ahora es lo que viene sucediendo de manera generalizada a nivel planetario sea cual fuere las particularidades involucradas.

Punto de Partida
Organismos, Cuerpos y Sociedades
Todas las disciplinas encargadas de investigar los procesos filogenéticos y ciertos ontogenéticos en los que están comprometidos los seres vivos de la “naturaleza” (biología, zoología, botánica, embriología, ecología, etología y comportamiento, medicina, etc.) dan cuenta de lo que sucede a nivel de los organismos. En el caso que nos interesa abordar, el del organismo humano, se trata de todos los procesos anátomo- fisiológicos propios del reino animal que forman la base material de la existencia. El organismo es la infraestructura necesaria en tanto materialidad biofísica efectiva para el desarrollo Humano.
 Esta relación Organismo- Ambiente de nuestra especie nos diferencia del resto por distintos mecanismos de mediación que se produjeron con la complejización del funcionamiento cerebral humano y los entornos creados. La característica distintiva que tienen los ecosistemas en que participamos es la dimensión simbólica en que se organizan los signos de cualquier tipo. Nuestros organismos se desarrollan en una ecología creada por nuestra especie que se llama Sociedad y Cultura. Lo que se conoce como progreso humano y desarrollo civilizatorio se corresponde a un dominio y distanciamiento progresivo de la naturaleza y las condiciones de existencia que imponía[5].  De esta forma de la misma manera que el entorno natural se modifica por lo Sociohistórico en términos de Sociedad y Cultura, cada individuo singular de la especie debe transformarse de organismo natural (cachorro) en sujeto humano. O sea, el organismo en su encuentro o articulación con lo sociohistórico produce Cuerpo. De lo que resulta que el Cuerpo es un concepto límite entre el Organismo y lo Sociohistórico. El organismo con sus órganos sigue funcionando con lógicas naturales pero interferidas por la existencia de lo simbólico que crea cuerpo. En este sentido todo Cuerpo es sin órganos dado que los órganos son del organismo.
El cuerpo es una superficie dinámica de inscripciones, singularizaciones,  individuaciones y de integración.
Para nosotros sexo y sexualidad no es lo mismo. Vamos a adscribir al sexo como algo propio del Organismo, como propio de los organismos que pueden diferenciarse entre machos y hembras para reproducirse y los procesos bioquìmicos involucrados. En cambio la sexualidad es algo referido al Cuerpo que va mas allá de los binarismos que nominan los géneros como masculino/hombre y femenino/mujer. Más bien como prácticas sexuales de los cuerpos y los objetos de satisfacción de las tensiones en juego.






[1] Esta primera distinción debe ser comprendida en un contexto socio histórico donde las significaciones imaginarias sociales (SIS) dominantes hasta la actualidad siguen estructuradas de forma binaria y que están siendo cuestionadas desde las nuevas prácticas sociales y políticas y las criticas teóricas a partir de los denominados transgéneros como es el caso del travestismo como categoría de género no binaria. Acá hay un desafío simbólico a debatir y construir. Pero el “asunto” vigente sigue siendo este ordenamiento categorial entre hombres y mujeres y los “enredos” de este nudo problemático.
[2] Esta posicionalidad refiere tanto al status como a relaciones de poder.
[3] Tal como lo demostrara Foucault en su investigación del poder y la sexualidad esta está destinada al control de las poblaciones y los individuos, tanto en sus versiones coercitivas como capilar
[4] En tanto y en cuanto la biología no nos juegue alguna pasada no prevista y ambigua como las alteraciones XXY o las “malformaciones” de los intersexuales
[5] Sobre este tópico se pueden revisar de Guiddens su obra Modernidad e Identidad del yo; de Elías, El proceso de la civilización y el Antiedipo de Deleuze & Guattari

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