APUNTES PARA UNA DEMARCACIÓN CONCEPTUAL
Autor: Marcelo De Leonardis. U.B.A.
Puntos de arribo
1- Sexualidades
Quizá sea el psicoanálisis la disciplina del campo
psicológico que más ha investigado y propuesto hipótesis sobre la importancia
de la sexualidad para la especie humana tanto a nivel colectivo e individual
como motor del desarrollo del psiquismo.
Los conceptos de Pulsiones, de Libido, de Deseo y de
Procesos Psíquicos Inconcientes aportan elementos a una teorización de la
subjetivización que aún tiene vigencia especialmente para las Ciencias
Sociales. Para el psicoanálisis tanto la
sexualidad como el Yo no son datos de partida sino de llegada que comienza
desde antes del nacimiento y configurará en una primer fase alrededor de los 5
o 6 años la organización genital infantil; se consolida de manera estable pero
no definitiva con la llegada de la preadolescencia/ adolescencia a los 12 años
aproximadamente hasta la maduración sexológica definitiva. Estas dos vías se
llaman Desarrollo de la Libido y Desarrollo del Yo y se las reconoce por sus
distintas etapas: el primero por la oral, la anal- uretral, la fálica, latencia
y la genital; el segundo por autoerotismo, narcisismo y objeto externo.
A la vez existen, según esta teoría, diferentes complejos
metapsicológicos que actúan a nivel inconsciente que van estructurando el
psiquismo. Vamos a mencionar dos que son fundamentales para la construcción del
objeto sexual: el complejo de Edipo y el de Castración. En la medida que la
libido se va organizando a través de objetos y fantasmas/fantasías con
distintos mecanismos subjetivantes[1], el
desarrollo de los complejos implican una dramática que tendrá como resultado de
la fase fálica la constitución del objeto sexual con el que la libido se
satisface y con ello el tipo de orientación sexual correspondiente. Si el
objeto investido corresponde al mismo género estamos en presencia de una
elección homosexual; si el investido corresponde al género opuesto la elección
es heterosexual. Obviamente con todas las gamas de posibilidades abiertas entre
ambas opciones. De no mediar acontecimientos que afecten estas tendencias
construidas, con la irrupción de maduración sexológica de la genitalidad se
ratificarán o rectificarán dichas elecciones de objeto. Y en lo que respecta al
desarrollo del Yo[2]
esto determinará un self capaz de consolidar una identidad personal y una regulación
del narcicismo a la vez que los objetos de sentimientos (especialmente la
ambivalencia amor/ odio) si son
investidos tiernamente o son objeto de identificación, de agresión, etc.
Esta somera presentación dista mucho de la profundidad
con la que debe ser presentada la teoría psicoanalítica freudiana. Nosotros lo
hacemos de esta manera para ir de lleno al asunto.
Lo que debemos reparar es que para el psicoanálisis la
sexualidad no es instintiva. Por eso no la llama Instinto sino Pulsiones,
siendo una de ellas las sexuales cuya energía se llama Libido. Y una de las
características de la pulsión sexual es que a diferencia del instinto no tiene
objeto predeterminado para alcanzar la satisfacción. No es un dato de entrada
sino una contingencia necesaria que debemos encontrar. Y esto se alcanza a
través de recorrer las etapas del desarrollo de la Libido o pulsión sexual. Lo
que produce este desarrollo es un Cuerpo sexuado o libidinal que es sinónimo de
Psiquismo. Y todo esto es posible porque existe el soporte de los grupos
primarios[3] a
través de los vínculos y recursos múltiples que transmiten como pueden o se
presenta a cada criatura de nuestra especie.
Lo otro a retener es que con los planteos del
psicoanálisis podríamos pensar que no necesariamente existe un vínculo
indisoluble entre el amor y el deseo sexual. Al contrario: amor y sexualidad
tienen lógicas diferentes en la que se pueden encontrar como no. La complejidad
que introduce Freud con la noción de Eros o Pulsiones de vida no resuelve del
todo la cuestión si bien fundamenta en la libido el origen de algunos amores. Como
la noción de tendencias de meta inhibida es entendida como amor tierno. Sigue siendo un desafío para la psicología el trabajo teórico
sobre los sentimientos y su relación con la sexualidad.
Cada vez menos la sexualidad está en función de la
reproducción como finalidad filogenética. Sabemos que a esta altura del
desarrollo sociohistórico existen métodos de reproducción de las especies que
no necesitan como condición sine qua non dicha conducta sexual.
Es por el ejercicio del cuerpo sexuado que se desarrollan
las prácticas sexuales destinadas a la obtención de placer, la finalidad
hedonista de la conducta sexual.
Según la elección de objeto de satisfacción sexual
construido se desarrollan prácticas sexuales que nominan las identidades
sexuales en juego. Si los objetos de satisfacción invisten de forma
preferencial a personas de igual género se los nomina Homosexuales, queriendo
con esto significar que la sexualidad de estas personas en tanto identidad
sexual es identificable públicamente por la elección preferencial
correspondiente. De igual manera pero en forma invertida sucede con la
Heterosexualidad. Todavía no hay nominación para las elecciones donde el objeto
sea travesti[4]. Y
así se trate de objetos y fines sexuales diversos que no vamos a desarrollar
pero que la variedad de la sexualidad humana incluye la posibilidad de objetos
no humanos[5]
Para concluir diremos que alguien que tiene una identidad
de género desarrolla prácticas sexuales que definen su identidad sexual:
Homosexual (gays y lesbianas), Heterosexual, Bisexual, Onanista,
Sadomasoquistas etc.
1.2- Los componentes de
la conducta psicosexual
Es posible distinguir en
ellas cinco componentes o elementos.
a- El sexo biológico
dado por la información genética y los procesos bioquímicos involucrados;
b- La identidad de
género como una cualidad del sujeto que desea sexualmente y del objeto sexual
que satisface.
c- La orientación e
identidad sexual indica la manera en que el deseo sexual se realiza como
investimento de la libido orientados a unos objetos de satisfacción (alguien
de otros géneros –heterosexualidad; del mismo género –homosexualidad-; de sus
combinaciones –bisexualidad; objetos no humanos –perversiones y parafilias).
d- El rol genérico y sexual
social como las expectativas sociales de los comportamientos y conductas que se
esperan del hombre, mujer o travesti en las prácticas de seducción, cortejo e
iniciativas para y en los intercambios y las relaciones sexuales y en todo lo
que se conoce bajo la noción expresividad;
e- Intercambios y prácticas de la sexualidad. Incluye
modalidades, fines y medios. La alcoba matrimonial, el intercambio de parejas o
Swinger, Sadomasoquismo cuyo fin es el dolor como placer sexual, modalidad múltiple como tríos o grupal, los
amantes, los consoladores y otros objetos, la sodomía, el onanismo, etc.
2- Géneros
Nosotros pensamos a los géneros y las sexualidades solidarios
a los procesos de Identidad Social y Personal. Por lo tanto se trata de
categorías sociales que integran las significaciones imaginarios sociales
(SIS).
Las identidades de cualquier orden funcionan por identificación
y contraposición en universos que aporten elementos para provocar diferencias y
discriminaciones de otros. En la medida que esto quede organizado como
dispositivo o algunas teóricas del feminismo llaman sistema (sexo- género) provocará
significaciones. En el caso del género es indiscutible que el dispositivo antropológico
del nacimiento marca a partir del sexo orgánico visible llamado genitales un
ordenamiento heteronormativo a partir de las categorías macho y hembra, correspondiéndose
como primera inscripción imaginaria corporal varòn y mujer. Heteronormatividad
que presionara a la identificación de heterosexualidad como preferencia normal,
normativa y aceptada. Esto es lo que viene pasando a nivel Epistémico según un
ordenamiento Imaginario binario del género, la sexualidad y el sexo en la
Modernidad Occidental.
Hace tiempo que las prácticas sociales desbordan esos
ordenamientos. Actualmente en la
Argentina las leyes de identidades genéricas y sexuales y del matrimonio civil
generan un profundo cuestionamiento a estas formas de pensar los temas desde
esos binarismos consagrados y la profunda crítica al tipo de identidades que se
deben considerar legítimas o ilegítimas. Esto además pone en evidencia los
planteos para mi entender profundamente reaccionarios y conservadores en torno
a las características genéricas de las personas y peor aún de las culturas
donde se tiende a naturalizar y objetivar un sinfín de estereotipos y
prejuicios realmente escandalosos. A mi entender es más provechoso debatir
sobre categorías como culturas pacíficas o culturas bélicas. Me parece que las
conclusiones sobre la individualidad y los estilos sociales y los vínculos que
se desarrollen desde ese criterio de distintividad ameritan su uso como
categoría colectiva.
La categoría Travesti puso en primera escena del debate
social, político y cultural el planteo de los transgéneros como categoría
genérica. Y este debate tiene como telón de fondo el que, como y para que de
las identidades en la actualidad.
2.2- La diferencia como problema. El caso de las diferencias
de género[6].
Para trabajar desde una lógica de las diferencias de
género
1º Debemos
transformar
Hombre = hombre como invisibilidad de las diferencias
Diferente = inferior como jerarquización de las
diferencias
2º Desesencializar las diferencias inscribiéndolas en
contextos sociohistóricos. Análisis de los Supuestos Lógicos y los Soportes
Narrativos.
3º Las alteridades son reversibles porque hay una
dinámica y no estereotipos esenciales inmutables
4º Articular la pluralidad de los diferentes y los
idénticos
5º Trabajar 3 ejes
El problema de las antinomias
Lo visible y lo invisible
Las relaciones de las disciplinas y los saberes entre si
y la transdisciplinariedad
[1]
Como la identificación, la idealización, la figurabilidad, la ambivalencia de
sentimientos y el investimento o catexia
[2]
Para el freudismo el yo no es autónomo nunca, siempre debe negociar con alguna
instancia que pretende su servidumbre a nivel del funcionamiento del aparato
psíquico. La existencia de lo inconsciente instala un yo escindido como
característica fundamental. Tampoco Yo es sinónimo de Concienca.
[3]
Nos referimos básicamente a las
funciones de sostén afectivo, simbólico e instrumental, del cuidado y la
socialización.
[4]
Entendiendo que la identidad travesti decida trascender las categorías mujer o
varon. De lo contrario cae bajo las formas heteronormativas.
[5]
Denominadas por la Psiquiatría como
parafilias desde los sesgos salud-enfermedad y el sociomoral normal- patológico.
[6]
Desarrollado por Fernández, A.M. (1993) La mujer de la ilusión. Pactos y
contratos entre hombres y mujeres, Bs As, Paidos
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