miércoles, 29 de abril de 2015

Reflexiones sobre Géneros y Sexualidades. II

APUNTES PARA UNA DEMARCACIÓN CONCEPTUAL
Autor: Marcelo De Leonardis. U.B.A.

Puntos de arribo

1- Sexualidades

Quizá sea el psicoanálisis la disciplina del campo psicológico que más ha investigado y propuesto hipótesis sobre la importancia de la sexualidad para la especie humana tanto a nivel colectivo e individual como motor del desarrollo del psiquismo.
Los conceptos de Pulsiones, de Libido, de Deseo y de Procesos Psíquicos Inconcientes aportan elementos a una teorización de la subjetivización que aún tiene vigencia especialmente para las Ciencias Sociales. Para el psicoanálisis  tanto la sexualidad como el Yo no son datos de partida sino de llegada que comienza desde antes del nacimiento y configurará en una primer fase alrededor de los 5 o 6 años la organización genital infantil; se consolida de manera estable pero no definitiva con la llegada de la preadolescencia/ adolescencia a los 12 años aproximadamente hasta la maduración sexológica definitiva. Estas dos vías se llaman Desarrollo de la Libido y Desarrollo del Yo y se las reconoce por sus distintas etapas: el primero por la oral, la anal- uretral, la fálica, latencia y la genital; el segundo por autoerotismo, narcisismo y objeto externo.
A la vez existen, según esta teoría, diferentes complejos metapsicológicos que actúan a nivel inconsciente que van estructurando el psiquismo. Vamos a mencionar dos que son fundamentales para la construcción del objeto sexual: el complejo de Edipo y el de Castración. En la medida que la libido se va organizando a través de objetos y fantasmas/fantasías con distintos mecanismos subjetivantes[1], el desarrollo de los complejos implican una dramática que tendrá como resultado de la fase fálica la constitución del objeto sexual con el que la libido se satisface y con ello el tipo de orientación sexual correspondiente. Si el objeto investido corresponde al mismo género estamos en presencia de una elección homosexual; si el investido corresponde al género opuesto la elección es heterosexual. Obviamente con todas las gamas de posibilidades abiertas entre ambas opciones. De no mediar acontecimientos que afecten estas tendencias construidas, con la irrupción de maduración sexológica de la genitalidad se ratificarán o rectificarán dichas elecciones de objeto. Y en lo que respecta al desarrollo del Yo[2] esto determinará un self capaz de consolidar una identidad personal y una regulación del narcicismo a la vez que los objetos de sentimientos (especialmente la ambivalencia amor/ odio)  si son investidos tiernamente o son objeto de identificación, de agresión, etc.
Esta somera presentación dista mucho de la profundidad con la que debe ser presentada la teoría psicoanalítica freudiana. Nosotros lo hacemos de esta manera para ir de lleno al asunto.
Lo que debemos reparar es que para el psicoanálisis la sexualidad no es instintiva. Por eso no la llama Instinto sino Pulsiones, siendo una de ellas las sexuales cuya energía se llama Libido. Y una de las características de la pulsión sexual es que a diferencia del instinto no tiene objeto predeterminado para alcanzar la satisfacción. No es un dato de entrada sino una contingencia necesaria que debemos encontrar. Y esto se alcanza a través de recorrer las etapas del desarrollo de la Libido o pulsión sexual. Lo que produce este desarrollo es un Cuerpo sexuado o libidinal que es sinónimo de Psiquismo. Y todo esto es posible porque existe el soporte de los grupos primarios[3] a través de los vínculos y recursos múltiples que transmiten como pueden o se presenta a cada criatura de nuestra especie.
Lo otro a retener es que con los planteos del psicoanálisis podríamos pensar que no necesariamente existe un vínculo indisoluble entre el amor y el deseo sexual. Al contrario: amor y sexualidad tienen lógicas diferentes en la que se pueden encontrar como no. La complejidad que introduce Freud con la noción de Eros o Pulsiones de vida no resuelve del todo la cuestión si bien fundamenta en la libido el origen de algunos amores. Como la noción de tendencias de meta inhibida es entendida como amor tierno. Sigue siendo un desafío para la psicología el trabajo teórico sobre los sentimientos y su relación con la sexualidad.
Cada vez menos la sexualidad está en función de la reproducción como finalidad filogenética. Sabemos que a esta altura del desarrollo sociohistórico existen métodos de reproducción de las especies que no necesitan como condición sine qua non dicha conducta sexual.
Es por el ejercicio del cuerpo sexuado que se desarrollan las prácticas sexuales destinadas a la obtención de placer, la finalidad hedonista de la conducta sexual.
Según la elección de objeto de satisfacción sexual construido se desarrollan prácticas sexuales que nominan las identidades sexuales en juego. Si los objetos de satisfacción invisten de forma preferencial a personas de igual género se los nomina Homosexuales, queriendo con esto significar que la sexualidad de estas personas en tanto identidad sexual es identificable públicamente por la elección preferencial correspondiente. De igual manera pero en forma invertida sucede con la Heterosexualidad. Todavía no hay nominación para las elecciones donde el objeto sea travesti[4]. Y así se trate de objetos y fines sexuales diversos que no vamos a desarrollar pero que la variedad de la sexualidad humana incluye la posibilidad de objetos no humanos[5]
Para concluir diremos que alguien que tiene una identidad de género desarrolla prácticas sexuales que definen su identidad sexual: Homosexual (gays y lesbianas), Heterosexual, Bisexual, Onanista, Sadomasoquistas etc.
1.2- Los componentes de la conducta psicosexual
Es posible distinguir en ellas cinco componentes o elementos.
a- El sexo biológico dado por la información genética y los procesos bioquímicos involucrados;
b- La identidad de género como una cualidad del sujeto que desea sexualmente y del objeto sexual que satisface.
c- La orientación e identidad sexual indica la manera en que el deseo sexual se realiza como investimento de la libido orientados a unos objetos de satisfacción (alguien de otros géneros –heterosexualidad; del mismo género –homosexualidad-; de sus combinaciones –bisexualidad; objetos no humanos –perversiones y parafilias). 
d- El rol genérico y sexual social como las expectativas sociales de los comportamientos y conductas que se esperan del hombre, mujer o travesti en las prácticas de seducción, cortejo e iniciativas para y en los intercambios y las relaciones sexuales y en todo lo que se conoce bajo la noción expresividad;
e- Intercambios y prácticas de la sexualidad. Incluye modalidades, fines y medios. La alcoba matrimonial, el intercambio de parejas o Swinger, Sadomasoquismo cuyo fin es el dolor como placer sexual,  modalidad múltiple como tríos o grupal, los amantes, los consoladores y otros objetos, la sodomía, el onanismo, etc.

2- Géneros

Nosotros pensamos a los géneros y las sexualidades solidarios a los procesos de Identidad Social y Personal. Por lo tanto se trata de categorías sociales que integran las significaciones imaginarios sociales (SIS).
Las identidades de cualquier orden funcionan por identificación y contraposición en universos que aporten elementos para provocar diferencias y discriminaciones de otros. En la medida que esto quede organizado como dispositivo o algunas teóricas del feminismo llaman sistema (sexo- género) provocará significaciones. En el caso del género es indiscutible que el dispositivo antropológico del nacimiento marca a partir del sexo orgánico visible llamado genitales un ordenamiento heteronormativo a partir de las categorías macho y hembra, correspondiéndose como primera inscripción imaginaria corporal varòn y mujer. Heteronormatividad que presionara a la identificación de heterosexualidad como preferencia normal, normativa y aceptada. Esto es lo que viene pasando a nivel Epistémico según un ordenamiento Imaginario binario del género, la sexualidad y el sexo en la Modernidad Occidental.
Hace tiempo que las prácticas sociales desbordan esos ordenamientos.  Actualmente en la Argentina las leyes de identidades genéricas y sexuales y del matrimonio civil generan un profundo cuestionamiento a estas formas de pensar los temas desde esos binarismos consagrados y la profunda crítica al tipo de identidades que se deben considerar legítimas o ilegítimas. Esto además pone en evidencia los planteos para mi entender profundamente reaccionarios y conservadores en torno a las características genéricas de las personas y peor aún de las culturas donde se tiende a naturalizar y objetivar un sinfín de estereotipos y prejuicios realmente escandalosos. A mi entender es más provechoso debatir sobre categorías como culturas pacíficas o culturas bélicas. Me parece que las conclusiones sobre la individualidad y los estilos sociales y los vínculos que se desarrollen desde ese criterio de distintividad ameritan su uso como categoría colectiva.
La categoría Travesti puso en primera escena del debate social, político y cultural el planteo de los transgéneros como categoría genérica. Y este debate tiene como telón de fondo el que, como y para que de las identidades en la actualidad.
2.2- La diferencia como problema. El caso de las diferencias de género[6].
Para trabajar desde una lógica de las diferencias de género
 1º Debemos transformar
Hombre = hombre como invisibilidad de las diferencias
Diferente = inferior como jerarquización de las diferencias
2º Desesencializar las diferencias inscribiéndolas en contextos sociohistóricos. Análisis de los Supuestos Lógicos y los Soportes Narrativos.
3º Las alteridades son reversibles porque hay una dinámica y no estereotipos esenciales inmutables
4º Articular la pluralidad de los diferentes y los idénticos
5º Trabajar 3 ejes
El problema de las antinomias
Lo visible y lo invisible
Las relaciones de las disciplinas y los saberes entre si y la transdisciplinariedad





[1] Como la identificación, la idealización, la figurabilidad, la ambivalencia de sentimientos y el investimento o catexia
[2] Para el freudismo el yo no es autónomo nunca, siempre debe negociar con alguna instancia que pretende su servidumbre a nivel del funcionamiento del aparato psíquico. La existencia de lo inconsciente instala un yo escindido como característica fundamental. Tampoco Yo es sinónimo de Concienca.
[3] Nos referimos básicamente a las funciones de sostén afectivo, simbólico e instrumental, del cuidado y la socialización.
[4] Entendiendo que la identidad travesti decida trascender las categorías mujer o varon. De lo contrario cae bajo las formas heteronormativas.
[5] Denominadas por la Psiquiatría  como parafilias desde los sesgos salud-enfermedad y el sociomoral normal- patológico.
[6] Desarrollado por Fernández, A.M. (1993) La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres, Bs As, Paidos

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